El 9 de febrero celebraba mi cumpleaños con algunos amigos. Fiesta en mi casa, cena donde siempre y salir de fiesta has las 6 o así. Lo gracioso era que a las 6:30 tenía que coger un autobús hacía Madrid y a las 6 llegaba a casa y no tenía siquiera la maleta hecha. Por suerte ya estoy acostumbrado a vivir al límite y me sobró tiempo (unos 30 segundos aproximadamente).
El motivo del viaje era salir de fiesta por Madrid y ver a los amigos. Gente que veo poco a lo largo del año pues cada uno vive en una ciudad diferente: Salamanca, Madrid, San Sebastián y Sabadell. Cómo nos conocimos es otra historia pero lo largo del año siempre encontramos alguna excusa para vernos, algún viaje a algún sitio. Esta vez tocaba Madrid. Estos viajes me recuerdan lo divertido que es viajar en grupo con los amigos.
Durante el primer día que estuve allí aprovechamos para dar una vuelta por el centro, ir a los picadilly, un poco de tiendas. Creo que en todas las veces que he estado en Madrid, no había pasado tantas veces por la calle Fuencarral, era casi una visita obligada cada vez que ibamos a un sitio, creo que hasta dábamos más vueltas sólo para pasar por esa calle. Creo que era una broma de Dani (el anfitrión) , pero todavía no lo ha admitido.
Por la noche salimos por Malasaña, una zona de Madrid llena de pubs. A destacar un pub llamado la Vía Láctea (creo que siempre que voy a Madrid me dejo caer por allí) y la sala Sol.

En la Vía Láctea

No sé si me hace más gracia el "bigote" o la careta
Al día siguiente fuimos a hacer el tonto por el parque del Retiro. Nos cogimos unas barcas en el estanque y nos reímos un rato. Allí creo que empecé a incubar un virus, que esa noche me dejaŕia fatal.

Por supuesto nos tiramos agua e hicimos carreras
Aún así, con fiebre y todo, no podía quedarme en casa y salí por la noche con cara de zombie a asustar a la gente. El día anterior los locales donde estuvimos estaban muy bien, pero haciendo una comparación: era como estar en un bonito paisaje del fondo marino, con corales y tal, pero sin peces. Así que esa noche iba con la ilusión de ir a un paisaje peor pero con peces. Eso y encontrar una farmacia de guardia. La farmacia la encontŕé, los peces no. En fin, que volvimos pronto a casa, pasé una noche fatal con pesadillas y alucinaciones. Ya el domingo por la tarde tocaba volver a casa, en bus. Y si hay una cosa que me guste menos que viajar en bus, es viajar en bus enfermo. Por suerte los medicamentos hicieron algo de efecto.
Aunque el último día lo pasé un poco mal por la fiebre, fue un viaje genial.