La reflexión no es mia, pero me pareció genial. Su autor original se avergüenza de ella y prefiere permanecer en el anonimato.
Supongo que el rojo se pasará a por el verde y se irán de fiesta, ¿no?
Yo creo que descansan. Se pillan una silla y se sientan, mirando el uno para arriba y el otro para abajo, a conversar. Es lo que hacía yo cuando era un muñequito de semáforo.
Yo una noche, volviendo hacia casa justo en la plaza María Agustina, estuve haciendo break con el muñequito verde, lástima que el rojo permanecía quieto y avanzaba hacia nosotros al ritmo de izquierda, derecha, izquierda... Claro que también yo esa noche iba de vodka hasta el culo, así que todo lo real pudo ser una mera ilusión provocada por mis ganas de econtrarme alguien con quien bailar a altas horas de la madrugada. Ya ven, por este lado seguimos los melancólicos y los borrachos luchando codo con codo por hacer que la vida sea un gran lago de vomitonas.
Se cambian el traje para no caer en la monotonia de ir siempre vestidos igual y haciendo lo mismo. Lo se yo, que me lo ha dicho mas de uno.