Alemania (y fin)
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Viajes • Fecha: 23-03-2005 04:45:45
Hace ya dos semanas que estoy de vuelta a España y no había posteado los últimos días de mi aventura por tierras germanas por pura pereza y también porque no había mucho interesante por contar. Pero he decidido hacerlo ahora antes de que otra cosa ocupe el espacio de memoria donde se encuentran esos recuerdos en mi limitado cerebro.
Día 7, clases de samba
Fué un día de descanso, no hicimos turismo. Nos quedamos en casa, pusimos un dvd de samba de Brasil y Robert y yo recibimos una clase de samba de mi hermana. Se dice y se cree por ahí que los brasileños nacen sabiendo bailar samba y jugar a fútbol y lo cierto es que es practicamente así. Pero luego estoy yo, la oveja negra del país, que no sabe ni de una cosa ni de otra. Por lo tanto, y para que cuando me pregunten "¿sabes bailar samba?", poder responder con un "SI, por supuesto, soy brasileño" me puse a bailar en el salón. En realidad decir que los brasileños nacen sabiendo bailar samba seria como decir que los los chinos nacen sabiendo kung-fu y los españoles bailar flamenco y torear.
Yo ya tenía las nociones básicas y ya voy cogiendo el nivel intermedio, pero sigo teniendo el cuerpo duro como un palo. Mi amigo Robert, que aún no tenía las nociones básicas era mucho más divertido. Total que nos reimos mucho
Día 8, Zurich y Ravensburg by night
Tocaba otro día de turismo. Nuestro destino esta vez era Zurich. Una ciudad suiza muy cerca de la frontera, a apenas unos 70 kilometros. Cruzamos el lago Constanza en barco (de esos que metes el coche) y ya estabamos practicamente en Suiza. Zurich estaba un poco más lejos.
Nada más llegar a la ciudad y bajar la ventanilla del coche, uno respira olor a dinero. Había una aglomeración increíble de coches carísimos. Porches Carrera eran los más normalitos, había Ferraris, Lamborguinis, y coches que no había oido nombrar pero que, según me decían, valian cifras muy elevadas.
La ciudad me pareció muy bonita, una pequeña metropolis llena de tranvías circulando por sus calles. La noté un poco fría quizás, no muy acogedora.
Como anécdota nuestra estancia en un Starbucks. Llego allí, poco despues de haber cambiado 5 eurillos por francos suizos, decidido a pedir un trozo de tarta de chocolate. Entonces pienso: "un Starbucks, seguro que alguien hablará inglés y además estamos en Suiza, la gente aqui es culta". Intento pedir la tarta al dependiente, un chico bastante joven, y parece que no me entiende muy bien, así que me pongo a señalar lo que quiero, me dice lo que cuesta en inglés. Luego se me cae el tenedor al suelo y le voy a decirle de cambiarlo y otra vez no nos entendemos muy bien y me toca hacer mímica. Un momento más tarde me voy al servicio y cuando vuelvo el camarero estaba hablando con mi hermana en un idioma que si que entendía perfectamente; en portugués.
(Tradución simultanea):
- ¿Ein? ¿Eres de Brasil?
- Si, aunque llevo viviendo aqui ya 10 años.
- Y yo antes haciendo el memo para cambiar un tenedor...-puse una cara tal que así v_v
- Jajaja.
- jajaja.
En fin, callejeamos por Zurich un poco más hasta el final de la tarde y decidimos volver a casa. Ya tenia otro pais para tachar en el mapa.
Era viernes noche y tocaba salir a conocer la vida nocturna en Ravensburg. Fuimos a una discoteca grandecilla de música del momento. Al entrar allí, activé mi radar y no ví más que chicas (usemos un eufemismo) un poco descuidadas. Alguna había guapa, pero no abundaban. Sin embargo la competencia masculina era increiblemente alta. La mayoría eran metrosexuales cachas de gimnasio. Lo más sorpreendente era que aún así alguna chica me miraba. Supuse que las mujeres allí estarían hartas de tíos altos, cachas, de ojos azules y mandibula cuadrada y les gusta algo más exótico como un flacucho bajito como yo por ejemplo. No me comí un torrao y, aunque nadie se lo va a creer, porque no quise.
Día 8, recoger los trastos
Tocaba recuperarse de la noche anterior, levantarse tarde, comer en un kebab (viva las franquicias) y callejear un poco por la ciudad. Dedicamos el día a recoger nuestros trastos y a planificar que haríamos si nos volvían a hacer pasar el control anti-drogas, esta vez en España.
Día 9, el regreso
El viaje de regreso empezó bien, como suelen ser mis viajes habituales. De Ravensburg teníamos que coger un tren a las 7:47 de la mañana hacía Stutgart Robert y yo. Mi hermana y su novio se habían marchado a Turquia el dia anterior dejandonos "lost in translation".
Para empezar un viaje normal, lo primero es levantarse con tiempo, empezar a hacer las cosas con mucha tranquilidad y olvidarte del tiempo hasta que solo faltan 20 minutos para que salga ese tren que si lo pierdes has perdido el avión. Conocía el camino a la estación, o al menos eso creía, hasta que llegué al lugar donde creía que estaría y no estaba. El tiempo seguía avanzando y debía elegir entre ir más a la derecha o más a la izquierda. Mi primera intuición fué la de ir más a la derecha, pero como vi que no habría tiempo para equivocaciones primero dejé las maletas con Robert y pegué un sprint hacia la izquierda para asegurarme. Efectivamente, a la izquierda no era, quedaba esperar que a la derecha sí fuera. A la derecha sí era, llegamos a las 7:45, a 2 minutos de que llegara el tren a la estación, el cual no estuvo ni 2 minutos esperando pasajeros. Ya en el tren tenía la sensación de que todo iba bien y no cabía esperar nada más "extraordinario" para el resto del viaje.
A mediodia ya estaba en Valencia. El shock que tuve no fué climático fué antipático. Primero taxistas malhumorados, segundo gente maleducada, tercero "garrulismo" juvenil, cuarto calles súcias, quinto... Si no fuera porque hacía un soleado día de domingo, creo que hubiera entrado en depresión. Me di cuenta de lo acostumbrado que estoy a esos detalles y lo normal que me parecían. Me costó unos días pero ya está, vuelvo a estar acostumbrado. Y fin.
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