La coges de la mano y la detienes, te pones cara a cara con ella y la miras directamente a los ojos. No dices nada. Ella te devuelve la mirada. Sonríes. Sigues sujetando su mano. Haces notar que aquello es el preludio de un beso. Te lanzas al vacio una vez más, y te acercas peligrosamente a sus labios. Al final vacilas y le das un beso que apenas roza la comisura de sus labios. La vuelves a mirar y esperas su reacción, ella sonríe, lo que hace que te entre un escalofrio por todo el cuerpo, mariposas revolotean en tu estómago. Entonces es ella quien se acerca peligrosamente a tus labios, tu corazón late muy deprisa. Ella te da un beso que apenas roza la comisura de los labios. Piensas que ha sido un acto de venganza, pero vuelves a sonreir y ahora soys ambos los que os acercais peligrosamente. Esta vez no vacilas, te sientes seguro, te sientes correspondido. El sonido del móvil hace que te despiertes, te enfadas un poco, miras la pantalla y ves un nombre inesperado. Lees el menssaje. Es una de esas felicitaciones de cumpleaños que llegan un poco tarde, pero no importa, te hace muy feliz igualmente, vuelves a sonreir como en el sueño. Decides seguir soñando.